Mucho hablar de consistencia en ese primer Post Fabulam, para acabar casi un año desterrado. Tampoco quiero enfangarme demasiado en ello. Lo importante es que esto vuelve, y cómo vuelve.
He de reconocer que reencontrarme con La Facultad después de tantos meses de sequía literaria ha costado más de lo que esperaba. Uno de los principales obstáculos con los que me he topado es, precisamente, que se trata de La Facultad. Una obra que concebí como un experimento y práctica técnica, más que como una historia coherente y adherida a unos valores mínimos de decoro y recogimiento. Su identidad es algo que aún se me escapa, y el temor de no saber qué hacer con estos materiales sigue más que presente, y auguro más y más grande según pasen los meses y las publicaciones.
Sin embargo, hay una luz entre tanta turbulencia, y es mi amor hacia los personajes. Yesira, la Protagonista siempre activa y rebelde; Oscar, la sombra de potencial ilimitado; Cassandra, la titiritera de cuerdas cortadas y, por supuesto, aquella que aún no ha asomado su morro viperino por aquí. Se merecen su historia. Amar, odiar, perder y evolucionar.
Por eso, seguiré avanzando, aunque cada vez que toque capítulo de esto me tiemblen los dedos. Aunque no sepa aún quiénes son, confío en que ellos me lo cuenten.
La próxima actualización será la segunda parte de este capítulo, que antes era uno, pero por la gran cantidad de elementos añadidos y para facilitar su lectura cómoda, he decidido dividir en dos. Su otra mitad llegará más pronto que tarde, no atreviéndome a prometer la semana que viene, pero tampoco negando por completo esa posibilidad.
Seguid viviendo, que no lo hagan por vosotros. Buen domingo.